Ana Maria Careaga, una sobreviviente del centro clandestino de detención porteño conocido como Club Atlético, comparó el lugar como un verdadero "campo de concentración", al sostener que "cualquier opción era mejor que esa especie de estar muerta en vida".
"Tenían un ensañamiento especial contra los ciudadanos de origen judío", a quienes el ex subcomisario Samuel Miara los hacía "ladrar como perros y dar la patita", a la vez que le recalcaba que ellos eran "nazis" y los "iban a matar a todos".
Careaga -cuya madre fue secuestrada con el primer conjunto de Madres de Plaza de Mayo por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada en 1977- brindó este martes un importante testimonio ante el Tribunal Oral Federal 5, que juzga a ex miembros de la Policía Federal -en su mayoría- que actuaron en los centros Atlético, El Banco y El Olimpo.
En un conmovedor y minucioso testimonio, la mujer subrayó que las condiciones de vida del Club Atlético -ubicado en la avenida Paseo Colón y Cochabamba- "eran fotografías de los campos de concentración nazis", y describió que una vez que un grupo de detenidos pudo sacarse las capuchas y las vendas de los ojos "todos nosotros estábamos iguales de flacos y pelados".
Según las estimaciones de los sobrevivientes citadas por Careaga, quien dirige el Instituto Espacio Por la Memoria, por el Club Atlético pasaron entre 1500 a 1800 personas y funcionó en el ex edificio de Suministros de la Policía Federal que fue derrumbado, pero cuya ubicación y planos fueron reconstruidos a partir de los testimonios.
La mayoría de los secuestrados fueron desaparecidos mediante la metodología de "traslados" como se conocía a los "vuelos de la muerte", mientras que otros fueron llevados al Banco, en la autopista Ricchieri y Camino de Cintura, y luego al Olimpo en cercanías del cuartel de Tablada.
La testigo fue secuestrada el 13 de junio de 1977 a los 16 años, cuando tenía un embarazo de tres meses, y en el Club Atlético fue torturada con picana eléctrica y golpes que le provocaron más de un centenar de heridas constatadas por los médicos forenses antes del juicio a las Juntas Militares, en 1985.
Su secuestro se produjo en Juan B. Justo y Corrientes, donde dos individuos la trasladaron en el baúl de un automóvil.
Desde un primer momento la obligaron a desnudarse para luego someterla a sesiones de tortura, aplicando "el método que se había aplicado por los franceses en Argelia o se enseñaba en la Escuela de las Américas", señaló.
"Dejé de llamarme Ana María Careaga para llamarme K-04", ya que su objetivo era "despersonalizar al sujeto", indicó, al tiempo que recordó que le arrojaban baldazos de agua fría y le colocaban anillos de metal en las manos "para que pasara mejor la corriente".
"Durante la tortura -enfatizó- lo único que uno quiere es morirse", a la vez que relató que los detenidos permanecían "todo el día con los ojos vendados", menos aquellos que estaban "destabicados", en referencia a los que eran utilizados para las tareas de limpieza y reparto de comida.
Entre los torturadores que reconoció y están siendo juzgados se encuentran el ex subcomisario Samuel Miara, alias Cobani; Juan Carlos Falcón, alias Kung Fu; Eduardo Emilio Kalinec, alias doctor Ka; y Eufemio Jorge Uballes, alias Anteojo Quiroga o Fuhrer.
En su extensa declaración -que incluyó la proyección de un trabajo de investigación con profusa información acerca del Club Atlético- recordó además que en las primeras semanas no reveló a su captores que se encontraba embarazada.
Careada describió las celdas como un espacio de aproximadamente 1.5 metros por 2 metros y detalló que cuando los detenidos se quitaban las vendas de los ojos para hablar "nos sacaban de las celdas para torturarnos".
Explicó luego que a los dos meses de estar detenida "se empezó a mover mi bebé y eso me cambió totalmente porque ya no estaba sola".
"Era una victoria en medio de tanta muerte, en medio de tanto horror. Fue un privilegio haber estado ahí y no haber estado sola", fue el conmovedor relato de la testigo, que denunció que los torturadores "tenían un ensañamiento especial contra los ciudadanos de origen judío".
En ese sentido, destacó que una vez sintió "como ladridos de perro que no parecían de perro" y que después se enteró que "Miara hacía ladrar y mover la patita" a los judíos.
"En la Argentina perseguimos a los judíos porque nosotros somos nazis y los vamos a matar a todos", se jactaban, según relató la testigo.
La ex detenida se prometió en vísperas de su liberación –cuatro meses después de haber sido detenida- que "si alguna vez" salía del centro clandestino tenía que "denunciar lo que pasó; el funcionamiento de los campos de concentración", lo que en los hechos cumplió durante el juicio a las Juntas y este martes, en una audiencia en la que fue aplaudida por el público, integrado en su casi totalidad por ex detenidos, familiares y miembros de organismos de derechos humanos.
La mayoría de los represores a los que mencionó y son acusados en el juicio por violaciones a los derechos humanos hicieron uso del derecho a retirarse antes de comenzar la declaración de la testigo.
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